viernes, 12 de octubre de 2012

Que viva España.

Eso, eso. Que viva España. Españolicémonos todos. Asistamos con emoción al desfile de las honorables Fuerzas Armadas, que están listos a dar su vida por la patria. Por el pueblo soberano.

¡Ahí va! ¡El pueblo soberano! Se nos había olvidado que existía. ¿O no? Cualquiera sabe. Pero existir, existe. Veamos, tiremos del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (españolicémonos):

Bien, veamos. Desechemos la tercera acepción, que está anticuada y nosotros somos muy modernos. Podríamos quedarnos con la segunda, que tampoco viene mal, pero nos atendremos a la tercera.«Que ejerce o posee la autoridad suprema e independiente». Por lo tanto, según el DRAE, el pueblo ejerce o posee la autoridad suprema e independiente. Ejerce o posee. La puñetera conjunción disyuntiva que nos obliga a elegir. O ejerce o posee, las dos cosas juntas no. O sea, según lo que veo por la tele, lo que leo en las noticias y lo que escucho en la radio, el pueblo español posee la autoridad suprema e independiente, pero parece ser que no la ejerce. ¡Ah, no espera! Debe de ser que el ejercicio de esta autoridad tiene lugar en las urnas, cada cuatro años. Pues oiga usted, y discúlpeme el palabro, ya me dirá usted qué mierda de autoridad suprema es ésa. Eso no es autoridad suprema. Eso es un caramelito que nos ofrecen con la intención de tenernos con la boquita cerrada durante cuatro años.

Pues no, señores, no. El pueblo es soberano en toda circunstancia y lugar, y cuando ordena, hay que obedecer. No nos olvidemos que los que nos «(des)gobiernan» están a nuestro servicio: nosotros les pagamos, aunque no les hayamos votado. Tenemos todo el derecho (e incluso la obligación, diría yo) a manifestarnos cuando nos dé la gana, a pedir lo que nos dé la gana, a opinar lo que nos dé la gana y como nos dé la gana. Y si no estamos conformes con lo que tenemos, somos soberanos para decirlo y hacer todo lo posible por ejecutarlo.

No podemos tolerar que una señora que lleva en excedencia desde, al menos, el año 1994, compare al pueblo soberano manifestándose por sus derechos con los golpistas del 23-F. No podemos tolerar la chulería del socialista católico llamando antidemócratas (o algo peor) a la gente que le acusa de que no les representa. No podemos tolerar que un ministro que no hace más que recortar en educación diga que hay que «españolizar» a nadie. No podemos tolerar que haya censura en nuestro territorio. No podemos tolerar que se llame «deuda soberana» a los dineros que han despilfarrado los políticos. No podemos tolerar que se contraiga una deuda a nuestra costa para que los bancos tapen sus agujeros.

Ya está bien. No hace falta reformar la Constitución. Ella dice que el pueblo es soberano y que tanto los ciudadanos como los poderes públicos están sujetos a las leyes de este Estado.

¿Señores? políticos, entérense de una vez: ganar unas elecciones no significa que el pueblo les haya dado carta blanca para hacer del país su cortijo. Ustedes están a nuestro servicio: cumplan con su trabajo o serán despedidos.

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