Parece mentira. Ahora que las necesito las palabras huyen de mí. Se van como tú, mi amigo, mi compañero, mi alma. Se marchan poco a poco, como tú, cansadas de una larga existencia durante la que me han hecho compañía, igual que tú. Te has apagado, tu corazón se ha ido parando poquito a poco.
No te olvidaremos nunca. Y sé que tú a nosotros tampoco. Te echo de menos. Te quiero.
Lucky, no nos olvides.
Bienvenidos a mi blog, que aquí cada uno dice lo que quiere, sin censura, pero con educación y respeto.
lunes, 21 de enero de 2013
miércoles, 9 de enero de 2013
Envía un SMS con la palabra AYUDA...
Hartita me tienen estas Navidades de anuncios solidarios que solicitan enviar un SMS con la palabra X al número Y. Famosos, famosillos, famosetes y demás nos achicharran con su mensaje de «haz el bien sin mirar a quién». Nosotros, que en esas fechas (y en otras de esas que nos traen catástrofes sin cuento) estamos de un sensible que espanta, agarramos el móvil y decimos «Hale, voy a ayudar». Enviamos el SMS (que para más de uno, según y como está el patio, es un gasto que hay que pensarse antes de hacerlo), tecleamos la palabrita y el numerajo y venga, a dormir tranquilos.
Pues no, señores, no. No podemos utilizar un mensaje de texto que cuesta 1'20 € para lavarnos la conciencia, que lavar una manta en la tintorería ya cuesta más y no es artículo tan delicado. Para ser solidarios no basta con enviar mensajitos o «darle a compartir». Líbreme quien sea de dar yo lecciones de solidaridad: como siempre, aquí se vierte mi opinión personal; no es mi tarea juzgar ni condenar a nadie. Pero me parece bastante cómodo, además de perverso, este tipo de solidaridad. Lo de cómodo ya ha quedado claro, creo. Lo de perverso es otro cantar.
¿Dónde va el euro veinte de esos mensajes? Yo no tengo ni la más remota idea, desde luego. Sin embargo, tampoco hay que saber mucho de economía para darse cuenta de que no llega ni la cuarta parte de lo que donamos, no sólo a través de los SMS, sino con apadrinamientos y suscripciones varias. Por ejemplo, ¿creéis que la gente que está en la calle y te asalta para que apadrines un niño del tercer mundo lo hace gratis? Pues no. Cobran un sueldo. Una ONG tiene una estructura empresarial idéntica a cualquier otra empresa, es decir, los que te asaltan son un grupo, con un jefe de grupo, que tiene un jefe de jefes de grupo, que a su vez está por debajo de un encargado de jefes de jefes de grupo... y así hasta llegar al gerente o como se llame. Y todos, lógica y justamente, cobran un sueldo. Y aquí viene donde yo me pregunto «Pero vamos a ver, ¿esto no era una ONG sin ánimo de lucro? ¡Ah, claro! Que quien carece de ánimo de lucro es la ONG, no los que trabajan para ella...». Para mí, esto es una contradicción grande, pero que muy grande.
Además, entre otras cosas, tampoco creo que demostremos nuestra solidaridad ofreciendo nuestro dinero. Considero (aunque seguro que estoy equivocada) que es más efectivo dar nuestro tiempo. Colaborar activamente sin llevarnos ni un euro a cambio, intentar interactuar con la gente que lo necesita: esto se traduce en trabajar en comedores sociales, ayudar personalmente a organizaciones como Cruz Roja, colaborar con los bancos de alimentos, ir a residencias de ancianos a acompañarles, leerles libros, hacerles gestiones... en definitiva, estar en contacto con la gente a la que queremos ayudar, para saber en realidad cuáles son sus problemas y escucharles si lo necesitan. Daremos nuestro tiempo, que es lo más preciado que tenemos, en favor de nuestra comunidad y ahí sí veremos dónde va el resultado de nuestra donación. De donante a donatario, directamente, sin intermediarios ni zarandajas. Ahí es donde realmente vamos a ver si nuestro donativo ha sido eficaz.
Dejémonos de SMS. Ahora necesitamos solidaridad de la de verdad, de la de cuerpo a cuerpo, de la de mano a mano.
Pues no, señores, no. No podemos utilizar un mensaje de texto que cuesta 1'20 € para lavarnos la conciencia, que lavar una manta en la tintorería ya cuesta más y no es artículo tan delicado. Para ser solidarios no basta con enviar mensajitos o «darle a compartir». Líbreme quien sea de dar yo lecciones de solidaridad: como siempre, aquí se vierte mi opinión personal; no es mi tarea juzgar ni condenar a nadie. Pero me parece bastante cómodo, además de perverso, este tipo de solidaridad. Lo de cómodo ya ha quedado claro, creo. Lo de perverso es otro cantar.
¿Dónde va el euro veinte de esos mensajes? Yo no tengo ni la más remota idea, desde luego. Sin embargo, tampoco hay que saber mucho de economía para darse cuenta de que no llega ni la cuarta parte de lo que donamos, no sólo a través de los SMS, sino con apadrinamientos y suscripciones varias. Por ejemplo, ¿creéis que la gente que está en la calle y te asalta para que apadrines un niño del tercer mundo lo hace gratis? Pues no. Cobran un sueldo. Una ONG tiene una estructura empresarial idéntica a cualquier otra empresa, es decir, los que te asaltan son un grupo, con un jefe de grupo, que tiene un jefe de jefes de grupo, que a su vez está por debajo de un encargado de jefes de jefes de grupo... y así hasta llegar al gerente o como se llame. Y todos, lógica y justamente, cobran un sueldo. Y aquí viene donde yo me pregunto «Pero vamos a ver, ¿esto no era una ONG sin ánimo de lucro? ¡Ah, claro! Que quien carece de ánimo de lucro es la ONG, no los que trabajan para ella...». Para mí, esto es una contradicción grande, pero que muy grande.
Además, entre otras cosas, tampoco creo que demostremos nuestra solidaridad ofreciendo nuestro dinero. Considero (aunque seguro que estoy equivocada) que es más efectivo dar nuestro tiempo. Colaborar activamente sin llevarnos ni un euro a cambio, intentar interactuar con la gente que lo necesita: esto se traduce en trabajar en comedores sociales, ayudar personalmente a organizaciones como Cruz Roja, colaborar con los bancos de alimentos, ir a residencias de ancianos a acompañarles, leerles libros, hacerles gestiones... en definitiva, estar en contacto con la gente a la que queremos ayudar, para saber en realidad cuáles son sus problemas y escucharles si lo necesitan. Daremos nuestro tiempo, que es lo más preciado que tenemos, en favor de nuestra comunidad y ahí sí veremos dónde va el resultado de nuestra donación. De donante a donatario, directamente, sin intermediarios ni zarandajas. Ahí es donde realmente vamos a ver si nuestro donativo ha sido eficaz.
Dejémonos de SMS. Ahora necesitamos solidaridad de la de verdad, de la de cuerpo a cuerpo, de la de mano a mano.
viernes, 4 de enero de 2013
¡Golpistas, que sois unos golpistas!
Ya sé que el tema de esta entrada es algo antiguo, pero entre unas cosas y otras, no quería publicarla. No quería hacerlo porque yo, en mi eterna ingenuidad, pensaba que las cosas iban a mejorar, pero parece ser que no. Esto es bien sabido por todo el mundo, pero como este blog no es el informativo de las tres, pues hablo del tema que me apetece. Vamos a jugar a ver qué opinan los políticos del pueblo que gobiernan. Ya veréis que juego más «chupi», lo bien que nos lo vamos a pasar. Hoy empezamos por esta señora tan maja y bien peiná, que poner alguno más me va estomagando ya.
Doña María Dolores Cospedal García, que no sé yo esta señora de dónde ilustrísimas se saca el «de». Iba a poneros su biografía y cargos, pero como poco currículum y muchas ocupaciones a la vez (cobrando de todas), pues me da pereza. Echadle un ojo a la Wiki, si veis que tal. En fin, declaraciones realizadas por la buena mujer ésta:
«La última vez que yo recuerdo que se rodeara el Congreso, se tomara el Congreso, fue con ocasión del intento de golpe de estado. Y cuando se ocupó el Congreso fue por unas personas que querían taparnos la boca a todos los españoles que habíamos elegido libremente a nuestros representantes y a nuestro modelo, que ocuparon la casa que es de todos, donde se residencia la soberanía nacional y que intentaron dar un golpe de estado»: http://www.abc.es/videos-otros/20120924/cospedal-compara-rodea-congreso-1858773837001.html
Y se nos queda tan ancha. Primero, este personaje sugiere amablemente que se va a «tomar» el Congreso (falso, señora mía), y luego, evidentemente, lo asocia con el golpe de estado de Tejero, convirtiendo en un segundo en convicto de alta traición al pueblo soberano. Y no se queda ahí, sino que sigue diciendo que el Congreso es la casa de todos. Entonces, ¿qué habría de malo en que el pueblo soberano (que somos todos) entrase?
No tiene vergüenza. No puede comparar al pueblo con los golpistas, cuando ellos, con su mayoría absoluta, están ejerciendo la famosa «dictadura de la mayoría». Señores, esto no funciona así, de verdad. El pueblo es soberano, tiene derecho a rodear, incluso a entrar en el Congreso, que es su casa, mal que a usted le pese, Doña Cospedal. Lo único que usted demuestra es desprecio hacia el pueblo que le ha otorgado TRES cargos políticos muy bien pagados. Penitentia agite, Mari Loli, penitentia agite, que te traiciona el «subcociente»: http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=j4lDEpLl7I4
Y encima, ahí la tienes a la buena mujer, defensora a ultranza de la familia tradicional. Casada en segundas nupcias por lo civil y con un hijo habido de su relación extramatrimonial con una probeta... muy tradicional, claro que sí, que para eso se nos toca de peineta y mantilla en Corpus y Semana Santa. Además, como buena esposa española tradicional, nos ha mostrado sobradamente su habilidad para la costura, sobre todo para meter bajos, encoger cinturas y ensanchar ojales... Como decía aquél, «El que tenga ojos para ver, que vea». Esos llamamientos a la solidaridad, esos consejos para gastar menos, esas ordalías cuyo resultado es que el pueblo es culpable de haber gastado, esos «dolores» por los recortes en sanidad, educación, investigación, ese rasgarse las vestiduras por lo mal que lo hicieron sus predecesores, volcando siempre la culpa en otros: todo queda muy limpio y bien arreglado. Pero ahí siguen gentes que no pueden comprar sus medicinas, personas que no pueden pagar sus casas, seres humanos con nombres y apellidos que tienen que ir a los comedores sociales, que se han vuelto invisibles, parece ser.
No se puede ser más cínico e hipócrita. Bueno, sí que se puede, claro, y más entre la ralea que nos gobierna (y entre la que pretende gobernarnos, no nos equivoquemos).
Y de verdad, ya no sigo, que es muy temprano y se me revuelve el estómago.
Y encima, ahí la tienes a la buena mujer, defensora a ultranza de la familia tradicional. Casada en segundas nupcias por lo civil y con un hijo habido de su relación extramatrimonial con una probeta... muy tradicional, claro que sí, que para eso se nos toca de peineta y mantilla en Corpus y Semana Santa. Además, como buena esposa española tradicional, nos ha mostrado sobradamente su habilidad para la costura, sobre todo para meter bajos, encoger cinturas y ensanchar ojales... Como decía aquél, «El que tenga ojos para ver, que vea». Esos llamamientos a la solidaridad, esos consejos para gastar menos, esas ordalías cuyo resultado es que el pueblo es culpable de haber gastado, esos «dolores» por los recortes en sanidad, educación, investigación, ese rasgarse las vestiduras por lo mal que lo hicieron sus predecesores, volcando siempre la culpa en otros: todo queda muy limpio y bien arreglado. Pero ahí siguen gentes que no pueden comprar sus medicinas, personas que no pueden pagar sus casas, seres humanos con nombres y apellidos que tienen que ir a los comedores sociales, que se han vuelto invisibles, parece ser.
No se puede ser más cínico e hipócrita. Bueno, sí que se puede, claro, y más entre la ralea que nos gobierna (y entre la que pretende gobernarnos, no nos equivoquemos).
Y de verdad, ya no sigo, que es muy temprano y se me revuelve el estómago.
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