Pues sí, señores. Hasta los winflis me hallo. Para aquéllos que hace tiempo que no habláis conmigo, que debéis de ser bien pocos, os traduzco el palabro. Bueno, y si no, mejor no. Ya le vais a ir encontrando el sentido vosotros solos.
Pues sí, de nuevo, hasta los winflis de muchas cosas. Empecemos, por ejemplo, con el vecino de al lado que te saluda con una sonrisa hipócrita: "Buenos díaaaaaaaaaasssss, ¿qué tal?". Y yo, sonriendo sin menos cinismo, le contesto: "Buenos sí que lo son, sí", con una sonrisa tan tirante que me va a marcar las arrugas de expresión para los restos. Hasta el gorro. Pero, vamos a ver, ¿para qué me saluda este pollo, para qué me pregunta, si le importa menos que nada? A partir de mañana, cuando me pregunten "¿Qué tal?" les contestaré "A ti qué te importa".
¿Por dónde sigo? Ah, sí... ¡Hasta la peineta del teléfono móvil. Y es que, vamos, cada día más controlada por estos aparatejos, que dejan a la altura del lapicero al viejo Pentium II que tenía yo por aquí. A partir de mañana, se acabó el GPS, la conexión a Internet, el Latitude y el puñetero Wassapp. Me llamen ustedes al teléfono de casa, como toda la vida. Por cierto, no tengo identificador de llamadas ni buzón de voz, que conste.
Bueno, y si de tecnología hablamos... Atención al diálogo de besugos: "Ay, mari, que se m'ascangallao el hacedé y no me funciona la güifi; además, estoy desesperada por el android no conecta con el siete y yo para mí que va a ser del blutuz, porque tampoco me cargan los emepetrés que me bajé del rapidcher". Pero vamos a ver, ¿alguien se ha parado a descifrar esto? Y todos escuchamos, asintiendo con la cabeza, como si de verdad lo entendiéramos. A partir de mañana, desterrados todos los anglicismos y abreviaturas tecnológicos.
Y sigo con los ordenadores. ¿Qué sucede cuando "se t'escangalla el hachedé"? Pues lo que me sucedió a mí no hace mucho: te entra un ataque de ansiedad y sales corriendo hacia el servicio técnico más cercano como un yonki buscando la dosis. Toda la información de, digamos, los últimos seis meses, a la porra. Te falta ponerte de rodillas suplicando al técnico que salve el hachedé, por Santa Tecla. Por cierto, el técnico suele ser un adolescente (aunque tenga 40 años), gafotas, acnésico perdido: de verdad, que no es una leyenda urbana. ¿Pues sabéis qué? A partir de mañana, pluma y cuadernito, que ésos no se quedan "colgaos" en mitad de un trabajo.
Vale, vale. ¿Y qué me decís de la crisis? Aquí, con el permiso del gran Quino, una pregunta: "Y la cirsis, ¿tendrá hormonas de crecimiento para llegar hasta dónde?". Pa'bennos matao. No tenemos suficiente con que los bancos nos cobren intereses por limpiarnos los zapatos en su felpudo, que además se nos viene la crisis y va el gobierno y nos mete dos puntitos más de IVA. Don Juan, Don Juan... la puntita nada más... Mañana cancelo las cuentas del banco y meto el dinero en el calcetín más viejo que encuentre por casa.
'Tá el mundo jodío, ¿eing? ¿Y sabéis lo peor? Que mañana seguiré contestando amablemente al vecino, seguiré diciendo "hachedé" en vez de disco duro, seguiré dándole a la tecla para terminar a tiempo mis trabajos y, lo que es peor, seguiré domiciliando más y más recibos, más y más letras en la cuenta del banco.
A dónde vamos a ir a parar, Doña Manuela.
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