- ¡Manolo! ¡Cuánto tiempo sin verte!
- ¡Hola, Maruja! ¡No sabes qué alegría me da verte!
- Hombre, alegría, alegría, la justita, Manolo, que podías haber llamado.
- Uy, no, Maruja, no he podido. He estado muy ocupado.
- Bueno, trabajar, trabajamos todos, ¿eh? Que una llamadita tampoco es tanto...
- No, Maruja, no. ¡Es que he visto la luz!
- ¿La luz? ¿Qué pasa, que te la habían cortado?
- La luz, Maruja, la luz. Ser bondadoso, ver lo bueno de cada cosa y despreciar lo malo, ver el vaso medio lleno y no medio vacío.
- Coñe, Manolo, pues ten cuidado, que en una de esas te ahogas.
- ¡Qué cateta eres, Maruja! ¿No sabes lo que es la Iluminación?
- ¿La Iluminación? Hombre, la suegra de la prima de la hermana de mi madrastra se llamaba así...
- ¡Ay, Maruja, así te va la vida! Nunca te enteras de nada. Se trata de alcanzar tu yo interno, dejar la mente en blanco, aprender a conocer tus defectos y superarlos... En fin, demasiado complicado para ti.
- Sí, sí, seguro que sí, ya sabes que yo la factura de la luz ya me cuesta pagarla, ya...
- Eso no tiene nada que ver. Yo he crecido espiritualmente, intento acceder a mis defectos para corregirlos. ¡Maruja, que he cambiado!
- ¡Coño, Manolo! No me entero de nada de lo que me estás contando, pero me alegra saber que te va bien la vida y que has cambiado. ¿Y cómo ese cambio?
- Ahora soy mejor persona, Maruja. La introspección meditativa me ha ayudado mucho.
- ¡Cómo me alegro! Entonces, habrás cambiado de trabajo, ¿no?
- No...
- ¿Sigues dedicándote a despedir gente?
- Bueno, no es eso exactamente. Me dedico a reestructurar plantillas y a optimizar fuerzas de trabajo.
- Aaaah... Bueno, de algo hay que vivir. Pero seguro que has sacado a tus padres de aquella residencia cutre, que no se sabía si las humedades empezaban o terminaban en el techo.
- No...
- Ah, no... Bueno, se habrán ya habituado al lugar y seguro que han hecho amistades, igual es contraproducente sacarles. Pero vamos, seguro que ahora sí le pasas a tu ex la pensión de los tres churumbeles.
- Pues no, la verdad es que...
- Nada, hombre, no te disculpes. Que ya son unos mozos, ¡que se las apañen ellos, ya está bien de vivir a costa de los demás! Pero bueno, estoy segura, segura, segura de que ya no engañas a tu segunda mujer con aquella secretaria rubia.
- Eso sí. Ya no estoy con la rubia...
- ¡Vaya, cuánto me alegro, Manolo! Claro que tu señora se alegrará más...
- En realidad, ahora estoy con una pelirroja que... uff...
- Bueno, bueno, Manolo, la carne es débil, no pasa nada. Al menos le habrás devuelto a Julián los dos mil duros que te prestó para comprarte el traje con el que fuiste a tu primera entrevista de trabajo.
- Pues no, Maruja... le he perdido de vista y...
- Bueno, chaval, no te preocupes. Julián se ha quedado en el paro y seguro que se lo pasa genial en el comedor social al que va ahora, fijo que ha hecho buenos amigos.
- Bueno, sí...
- Porque sabías que se había quedado en el paro, ¿verdad Manolo?
- Bueno, yo...
- Sí, sí lo sabías, Manolo, porque tú fuiste el que reestructuró la plantilla y optimizó las fuerzas de trabajo de su empresa.
- En realidad...
- En realidad, Manolo, sigues siendo tan hijo de puta como siempre, sólo que más moderno. Anda, lárgate, no vaya a ser que me reestructures y me dés por el culo como has dado a todo el mundo durante toda tu vida.
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