miércoles, 9 de enero de 2013

Envía un SMS con la palabra AYUDA...

Hartita me tienen estas Navidades de anuncios solidarios que solicitan enviar un SMS con la palabra X al número Y. Famosos, famosillos, famosetes y demás nos achicharran con su mensaje de «haz el bien sin mirar a quién». Nosotros, que en esas fechas (y en otras de esas que nos traen catástrofes sin cuento) estamos de un sensible que espanta, agarramos el móvil y decimos «Hale, voy a ayudar». Enviamos el SMS (que para más de uno, según y como está el patio, es un gasto que hay que pensarse antes de hacerlo), tecleamos la palabrita y el numerajo y venga, a dormir tranquilos.

Pues no, señores, no. No podemos utilizar un mensaje de texto que cuesta 1'20 € para lavarnos la conciencia, que lavar una manta en la tintorería ya cuesta más y no es artículo tan delicado. Para ser solidarios no basta con enviar mensajitos o «darle a compartir». Líbreme quien sea de dar yo lecciones de solidaridad: como siempre, aquí se vierte mi opinión personal; no es mi tarea juzgar ni condenar a nadie. Pero me parece bastante cómodo, además de perverso, este tipo de solidaridad. Lo de cómodo ya ha quedado claro, creo. Lo de perverso es otro cantar.

¿Dónde va el euro veinte de esos mensajes? Yo no tengo ni la más remota idea, desde luego. Sin embargo, tampoco hay que saber mucho de economía para darse cuenta de que no llega ni la cuarta parte de lo que donamos, no sólo a través de los SMS, sino con apadrinamientos y suscripciones varias. Por ejemplo, ¿creéis que la gente que está en la calle y te asalta para que apadrines un niño del tercer mundo lo hace gratis? Pues no. Cobran un sueldo. Una ONG tiene una estructura empresarial idéntica a cualquier otra empresa, es decir, los que te asaltan son un grupo, con un jefe de grupo, que tiene un jefe de jefes de grupo, que a su vez está por debajo de un encargado de jefes de jefes de grupo... y así hasta llegar al gerente o como se llame. Y todos, lógica y justamente, cobran un sueldo. Y aquí viene donde yo me pregunto «Pero vamos a ver, ¿esto no era una ONG sin ánimo de lucro? ¡Ah, claro! Que quien carece de ánimo de lucro es la ONG, no los que trabajan para ella...». Para mí, esto es una contradicción grande, pero que muy grande.

Además, entre otras cosas, tampoco creo que demostremos nuestra solidaridad ofreciendo nuestro dinero. Considero (aunque seguro que estoy equivocada) que es más efectivo dar nuestro tiempo. Colaborar activamente sin llevarnos ni un euro a cambio, intentar interactuar con la gente que lo necesita: esto se traduce en trabajar en comedores sociales, ayudar personalmente a organizaciones como Cruz Roja, colaborar con los bancos de alimentos, ir a residencias de ancianos a acompañarles, leerles libros, hacerles gestiones... en definitiva, estar en contacto con la gente a la que queremos ayudar, para saber en realidad cuáles son sus problemas y escucharles si lo necesitan. Daremos nuestro tiempo, que es lo más preciado que tenemos, en favor de nuestra comunidad y ahí sí veremos dónde va el resultado de nuestra donación. De donante a donatario, directamente, sin intermediarios ni zarandajas. Ahí es donde realmente vamos a ver si nuestro donativo ha sido eficaz.

Dejémonos de SMS. Ahora necesitamos solidaridad de la de verdad, de la de cuerpo a cuerpo, de la de mano a mano.

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