lunes, 13 de febrero de 2012

Lukanikos.

Es un perro callejero, como el que cantaban Los Chunguitos. Lukanikos está siempre presente en todas las manifestaciones atenienses y en los encontronazos con la policía de este país. Un país que no sé si habrá hecho bien o mal las cosas, pero que ahí está.

A mí me encantó el animalito. Siempre al pie del cañón, con los manifestantes, contra la policía, contra el poder establecido, a favor del pueblo. Soy consciente de que el can está del lado de los que le alimentan y le dan cariño, los que, como él mismo, están en la calle, luchando por sobrevivir, o por que su voz se escuche, que para eso dicen que el pueblo es soberano. El pobre, que es agradecido.

Pero anoche no. Anoche, al enterarme de la barbarie que se ha desatado en la ciudad de Atenas, lo que sentí fue tristeza. No hay excusa para lo que están haciendo. No hay justificación para destruir cultura y arte. No, señores, las bibliotecas no se queman. Mira tú, tanto criticar a la Inquisición, y ahora hacemos lo mismo. Tanto criticar la censura, y quemamos cultura. Tanto criticar la falta de información, y ahora nos dedicamos a destruirla. No, señores, no. Los edificios históricos no se queman. La vida y la historia de un país entero no se queman.

Recuerdo una anécdota que contaba mi abuelo. Estuvo en la Guerra Incivil española, y tenía un gran compañero y amigo, que luego resultó ser primo lejano de mi padre. Claro, cuando mis padres se hicieron novios y mi abuelo se enteró de que su amigo estaba a menos de cuarenta kilómetros, hizo el viaje para verle, por supuesto. El encuentro tuvo que ser muy emocionante. Yo recuerdo que todos los veranos, mi abuelo se venía al pueblo y, por las tardes, se iba a ver a su amigo. Ahora me arrepiento de no haber estado con ellos. Pero bueno, a lo que vamos.

Durante la guerra, estaban los dos en algún pueblo por algún motivo, cuando los "rojos" (los suyos, los de mi abuelo y su amigo) empezaron a hablar de quemar una iglesia. Entonces, aquel campesino, aquel analfabeto, aquel hombre bueno les espetó: "¿Qué hacéis, animales? ¿No veis que eso es nuestra historia? ¿No os dais cuenta de que es propiedad del pueblo?".

Cultos estudiantes atenienses, guardianes de la cultura y la civilización europeas, por favor: no destruyáis la historia, no destruyáis la cultura, no destruyáis vuestras propiedades.

Pobre Lukanikos. Más humano que los humanos. Vuelve a casa y deja a los animales bípedos que solucionen sus problemas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario