martes, 28 de febrero de 2012

Libertad.

Libertad es una amiga de Mafalda, muy, muy chiquitita, que quiere ser traductora y que le gusta la gente simple.Toda una alegoría del maestro Quino, que nos hace ver la vida de otra manera. "Traducir es morirse de hambre", dice la madre de Libertad, pero aún así, Libertad no se resigna: "Pero a mí eso no me asusta, lo importante es hacer lo que a uno le gusta". Toda una declaración de principios, ¿no?

Libertad "nació" en 1970, aunque yo la conocí algunos años más tarde. Ahora todos nos admiramos del famoso discurso de Steve Jobs ("You've got to find what you love"), cuando resulta que la gente que, como yo, leyó Mafalda de jovencita lo tenía tan claro como la pequeña Libertad. Y si no lo teníamos claro, ella nos lo aclaró definitivamente.

Todos los personajes de las tiras de Mafalda tienen su aquél. Pero, hablando de Libertad, creo que ella es quizá la quintaesencia de lo que representa su nombre: hace lo que le parece oportuno, dice exactamente lo que piensa, no es hipócrita -a veces resulta repelente y pedante, incluso- y quiere que todo el mundo sea "simple", como ella...

Libertad, como mucha gente, odia que le digan que no puede hacer lo que ya sabe que no debe hacer, y en ese arrebato de civismo, ella, simplemente, rompe las reglas. Simple,¿no?

Pues no. Libertad es tan compleja y tan completa como el significado de su nombre, y a la vez pequeña y resistente como la libertad. Sabe lo que quiere y nada impide que vaya directamente a conseguirlo, cueste lo que cueste y se opine lo que se opine. Ella quiere ser traductora de francés, quiere a sus padres y no quiere complicarse la vida: quiere una vida "simple".

El fondo de la cuestión es sencillo, simple si queréis llamarlo así. Hazlo que quieras. Pero no nos creamos que, en esta era hiperglobalizada, tuvo que venir Steve Jobs (sit tibi terra levis) a descubrirlo. No. Los que hemos practicado el "mafaldismo" lo hemos tenido claro desde el primer día que Libertad nos lo dijo. Sé libre. Haz lo que quieras. No hieras a nadie.

Gracias, Quino, maestro, por habernos regalado a Libertad. Seguimos intentando seguir su ejemplo.

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